lunes, diciembre 18, 2006

Vanos conocimientos

Las razones por las que llevo obviando el maldito libro en el último estante de la sección de "Novela en español" de la biblioteca pública de Reus, cada jodido verano desde hace tres, son las mismas por las que ahora no debería estar leyéndolo.
Me conozco lo suficiente para saber que va a ocurrir lo mismo que ocurrió cuando leí El resplandor, o Carrie, o Misery, o Amytiville, o Drácula y tantos otros. No tiene ningún misterio, en realidad. Si eres propensa a tener pesadillas o a cagarte de miedo en cuanto se apagan las luces y sólo se oye el ruidito constante de la nevera, estos libros te afectan. Yo soy de esas. Por eso intento no ver películas de terror, porque sé que bastante tengo ya con todos los monstruos que he ido almacenando en la memoria para encima añadir unos cuantos más a la colección bizarra. Pero con los libros no aprendo la lección. Total, ¿qué traumas puede crear una cubierta de tapas duras y un montón de letras encuadernadas?
Y así estamos. Que maldita la hora en que lo empecé.
Lo más lógico sería que abandonara la lectura, devolviera el libro y me olvidara de todas las barbaridades que cuenta en su interior. Pero no. Las normas y yo. Si consigo pasar de la página tres de un libro, aunque no me guste, el argumento decaiga y/o sea un bodrio infumable, yo acabo el libro. Gajes del oficio. Lo que se empieza se acaba. Y como ya hace tiempo que pasé de la página tres, y además, ni la historia es un bodrio ni el argumento decae (no sólo porque me esté emparanoyando voy a negar que tiene ritmo...), pues ahora Marduk aguantará como una campeona hasta el final, odiándose a sí misma por ser tan fiel a estas reglas estúpidas.
Y otra vez vuelta a empezar.
Remolonearé cada vez más para no tener que irme a la cama. Me pasaré horas enteras con los ojos abiertos intentando escrutar las sombras de mi habitación. Dormiré poco, y a trompicones, despertándome desorientada y con el corazón desbocado, sin atreverme a mover un músculo, casi sin respirar, para que Él, no se percate de mi presencia y se avalance sobre mí con su traje elegante y un gran cuchillo largo y afilado. ( No debería haber pensado eso.... )

Podreis tacharme de infantil. De inmadura. Reconozco que hay algo de razón en todo eso. Básicamente porque ningún Patrick Bateman va a salir de mi armario a altas horas de la madrugada para descuartizarme. ( No cabe, lo acabo de comprobar ). Y a la luz del día todo es más llevadero. El libro sólo es un libro, y los traumas que pueda causar se diluyen con los quehaceres rutinarios. Pero esperad a que llegue la noche.



La única solución a esto, es decir, a que pase noches más o menos plácidas mientras estoy bajo los efectos de los nuevos terrores adquiridos, es que alguien se preste a hacerme compañía. Es mucho menos angustioso si cada vez que te despiertas aterrada hay alguien que te consuela susurrando con voz adormilada que todo ha sido un sueño y que te vuelvas a dormir, que no pasa nada. Pero gente tan caritativa no la encuentras muy a menudo. La mayoría, como los miembros de mi familia, cuando las pesadillas eran mucho más acusadas ( a tempranas edades ) solían dejarme llorar hasta que no podían soportarlo más y me echaban la bronca del siglo ( a esto se le llama crueldad intolerable ). Luego decidieron cerrarme la puerta y aislarme del resto de los durmientes, pero tuvieron que desechar la idea porque mis berridos daban más miedo con la puerta cerrada. El resto de acompañantes durmientes se han portado mejor. Por poner un ejemploi, mi compañera de habitación de los dos años de residencia adquirió la sorprendente habilidad de conseguir articular unas cuantas de palabras de consuelo estando completamente dormida. Escuetas y efectivas. Y mi actual compañera de piso cierra la puerta de su habitación, pero sale corriendo a despertarme si la cosa se pone peliaguda.


Amabilidad y dulzura frente a mis estragos noctámbulos, es lo que necesita aquí la pirada de turno. Y que me aseguren que no hay ningún yuppie asesino esperando en silencio a que Marina cierre la puerta y yo me meta en la cama.



¿Algún voluntario?