martes, enero 30, 2007

la Nada

Conversaciones vespertinas. Sonidos de otros tiempos. Palabras, ajadas de estar guardadas en el bolsillo, esperando el momento de escapar, de llegar a tu oído y de cobrar sentido dentro de tí. Viajan, haciendo un último esfuerzo, ansiosas por poder descansar tranquilas, sabiendo que han cumplido con su cometido.
Llegan. Dejan el mensaje. Mueren.
Y se espera una respuesta. Una respuesta al menos. Un "yo también te quise", o un "lo siento" o un "no fue sólo culpa tuya". Pero nada llega. Y a la nada se le unen las lágrimas, que caen dolorosas sobre las sábanas frías.
Para qué llorar.
Debiste llorar antes, cuando todavía podías tejer soluciones.







Aunque... se me olvidaba que antes también lo hiciste.