lunes, enero 22, 2007

Y ella escribió...



Resulta que volaron. Sí, señor. Lo que usted oye, que se fueron volando. Un último informe de la comunidad científica ha demostrado que los ojos, cuanto más han vivido, más fuerza cobran y, por tanto, la probabilidad de alzar su peso en el aire es mayor, pues la gravedad no es suficiente para reservarles un sitio en la tierra, sino que tienen la necesidad de emigrar como las aves del África subsahariana, no tan peripuestas pero en condiciones similares, y es que se ha podido constatar mediante pruebas empíricas cómo a los ojos les cuesta salir de las cavidades en las que se albergan y, sin embargo, una vez se les arranca de cuajo el nervio óptico, en la mayoría de los casos gracias a una fuerza de mucha más determinación, los ojos quedan liberados del cuerpo opresor, de modo que ese hilillo que se asemeja a un cordón umbilical inservible hace las veces de coletilla, proporcionando a los órganos una estética un tanto macarra, si me permite la expresión, aunque ya han avanzado también los investigadores que se trata de una moda pasajera, debido a lo que se conoce como síndrome post-vacacional, es decir, una continua pérdida de facultades relativas al sistema nervioso, que en los humanos puede localizarse en la zona encefálica, mientras que en los ojos emancipados afecta al nervio en desuso, lo que hace que no haya señales que puedan ser transferidas y quedan así grabadas en la retina de por vida, en cuyo caso dura poco más de dos meses, a pesar de lo cual son capaces de visitar más superficie terrestre de la que pudieron ver estando poseídos por sus antiguos dueños, algo que aumenta su calidad de vida, ya que la ceguera crónica se subsana con nuevas experiencias y estos ojos acaban convirtiéndose en verdaderos especialistas de los vuelos a baja y media altura, sin que esto signifique que realicen sus paseos en solitario o de par en par; al revés, son capaces de relacionarse con tantos otros ojos como vean en el aire, creando clubs de alterne para los que se hayan desesperados sexualmente y otros clubs de parejas intercambiables, de manera que su espíritu social se incrementa y fruto de ello son los innumerables sacos de ojos salvajes e infantiles que sobrevuelan las costas africanas en busca de un clima más cálido para abrir sus pestañas y vivir la independencia desde el inicio, a sabiendas de que la esperanza de vida no supera los dos meses en nuestra escala del tiempo, por lo que habrá deducido usted que la primera imagen retiniana es la que cuenta y a partir de ahí se va formando una costra en forma de memoria que almacena todos y cada uno de los recuerdos visuales, dotando de existencia al ojo, tanto si fue extraído a la fuerza de su lugar natural como si nació de un idilio entre otra pareja de globillos oculares, de la cual nunca sabrá por supuesto su nombre, porque la palabra escrita puede traspasar la córnea, pero no se han hallado elementos que la interpreten a ésta y mucho menos a la de tipo oral, así que estos pequeños seres nacidos en libertad solamente se identifican con sus ancestros los humanos a través de sus hilillos traseros a modo de apéndice o pulgar del pie, cuyo sentido tienden a olvidar y entonces podemos llegar a la conclusión de que los ojos sufren de amnesia intelectual, o lo que es lo mismo, de incapacidad de pensar, así que están expuestos a mayores riesgos, como en el caso de que cualquier pajarraco los atrape para nutrirse, ya que no han desarrollo vías lúcidas de escape, o como en aquellos tiempos en que los hombres se ensañaban con sus amadas arrebatándoles los ojos a mordiscos, a puñetazos o con las uñas, escondiéndolos posteriormente en cajones, bolsillos o cajetillas de tabaco, aunque la verdad es que algunos consiguieron salvarse, por lo que ya le he contado de la fuerza liberadora y las ganas que todos tenían de salir del abismo, con tal de no ahogarse con sus propietarias, y es que créame que esta investigación ha sido todo un éxito, demostrando una vez más que los hombres llevamos todas las de perder cuando se trata de maltratar a nuestros semejantes y suponer que ahí acaba todo. Infelices que somos.

Señor, no me lo creo. Francamente, este es un mundo maravilloso –respondió, metiéndose las manos en los bolsillos.




========> La autora. Tan feliz ella. :)