martes, febrero 13, 2007

El club de las que no se enamoran

Mañana es uno de esos días que deberían ser de libre elección. Como las optativas? Pues igual. Ese y el de San Jorge. Todavía recuerdo lo que sentía cada vez que, mientras yo me emperraba en mirar libros, una de mis amigas se daba la vuelta y soltaba un gritito de satisfacción cuando alguno de los gilipollas de turno le acercaba tímidamente una rosa. Era como una especie de escozor interno y ganas de ponerme a pegarle berridos a todo cristo que intentara hablar conmigo. Sí, era esa clase de sensación. De esas que acaban por hacer que compres una rosa a escondidas y le digas a todo el mundo que te la ha regalado el vecino del cuarto ese que está tan buenorro. Cosas de crías. Una vez que creces ya pasas a la postura más elegante, que es la de que tú no necesitas rosas en días marcados, porque eso es muy comercial y a tí te gusta la espontaneidad. JA.
Pues eso, que deberían ser de libre elección. Debería, a gusto del consumidor, poder cerrar los ojos la noche del 12 y levantarse una en el 14. Así se evitarían los malos rollos, las caras largas, las quejas de las más sensibles de POR QUÉ YOOOOOOO?, las largas explicaciones de los que sí que han tenido la suerte de disfrutar plenamente del día entre almíbares y amor, mucho amor. Eso sobre todo, porque es lo que más toca la moral. Los jetos de gelatina y la sonrisilla boba esa que tanto asco produce. Tia, coño, que llegan las babas hasta aquí. Modérate, que yo no tengo la culpa de tu estado de enajenación crónico. En fin.
Al final una se pasa el día evitando a la gente para que no te de el coñazo con sus pasteladas. Pero esta vez me libro, porque mañana me voy a pasar toooodo el día encerrada estudiando cosas tales como el teletexto, y el fenómeno blogger. Muy interesante. Mejor que andar escuchando mermeladas y confites. Y sintiendo de nuevo el escozor interno y las ganas de berrear. No vaya a ser que me de por comprarme un corazón de esos horteras con un TE QUIERO enorme y unos bombones. Para luego rociarlo todo con vodka y hacer una hoguera para bailar alrededor reivindicando el bienestar que produce no depender emocionalmente de nadie. Porque yo, lo que es yo, no necesito absolutamente nada de eso. Demasiado comercial. Con lo que a mí me gusta la espontaneidad.






JA.