domingo, febrero 04, 2007

Little miss misfortune

Podríamos cortar la tensión con un cuchillo, si ésta se viera flotando en el aire. El olor a orgullo herido y las caras largas ( de cabreo a veces, de desencanto otras, de triste interrogante la mayor parte del día ) demuestran que los ánimos de las concursantes llevan horas dándose paseos por los inframundos. Que digo horas. Días.
Si acaso pudiesen presentar su dimisión, su retiro voluntario, podrían sentirse algo menos humilladas.
La una dejaría de tomarse hibuprofenos con cualquier excusa. La otra se despertaría relajada, sin buscar entre las sábanas el contorno ajeno, sin obtener resultados. Quizás se dedicaran a los libros, y a aprobar el examen que ambas ya dan por suspenso. Cambiarían de tema de conversación. Sonreirían más y pensarían también, con más claridad. No se arrepentirían de asuntos que ya no tienen remedio; de las palabras pronunciadas, ni de las que nunca se llegaron a pronunciar. Se acabaría el dolor de cabeza ( estratégicamente afincado en la parte superior derecha), se acabarían los temblores. Se recuperaría el tiempo perdido. Si es que está perdido.







El sentimiento de culpa nunca es llevadero si sólo le importa a la que lo siente.

It's gettin' late and I can't call....