domingo, abril 08, 2007

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Nada más entrar.
Ese vuelco en las tripas.
Me cuenta mi cama que te echa de menos. No puedo contenerme y le lanzo una mirada de desconcierto que la hace sonrojarse.
Vamos, mujer, no me jodas. ¿También tú?-
Cuanto desconsuelo.
Le miento y le digo que estamos mejor sin tí.
Parece que no me cree.
Dice que cualquier día le crecen patas y sale en tu búsqueda.
Y yo le doy la espalda, porque ni ganas tengo de discutir.
Eso es cosa tuya. Esconde el orgullo entre tus sábanas, si te place. Lárgate y cuando le encuentres, le das recuerdos. Pero luego no vuelvas llorando.-
También es cosa tuya.-
Ah, no. Ya no.
Guardo mis raciones de humillación para empresas más elevadas.










...y qué dura será la derrota...




(Bah. ¿Queda muy manido decir que odio a los hombres? O quizás alguna petulante re-casada me salga con aquello de "no todo el monte es orégano..." Qué coño ni qué niño muerto. Pongamos que esto ha sido sólo un traspiés necesario. Sólo tengo que cogerme, desenredarme con calma, y volver a hacer el ovillo. No puede ser tan díficil. Y si duele... bueno. Caminillos de rosas para las princesas disney. Arreando.)