lunes, agosto 27, 2007

En la parra

Estamos en el Green Dog. Son las seis y media y ya ando por mi tercer daiquiri. Reconozco que es probable que tenga un problema.

Una vez me plantó un tío.- dice Bonnie.

Tiene la voz espesa, y arrastra las sílabas. Creo que a ella también le afectan los daiquiris. Pero ella sigue guapísima y resplandeciente. No como yo.

Ah, claro. Que tú siempre les dejas a ellos.- le digo.

Puessss... sí.-

Faith no habla. Está demasiado ocupada haciéndole señas a la camarera.

¿Cómo ocurrió?- le pregunto.

Puessss.... estábamos cenando en un restaurante delicioso. Pequeñito y oscuro. Con violinista y todo. Me lo soltó de golpe el muy bastardo. Ni siquiera me había acabado el faisán. Que había vuelto con su NOVIA. ELLA. La eterna amenaza. El fantasma que se metía en la cama con nosotros tooooodas las noches. Y esta vez quería ir en serio. Se largaba a vivir con ELLA, tenían proyectos.-

Ahí va. ¿Y tú que dijiste?-

A mí se me atragantó el pichón. Me estaba mirando ahí, con ojos de cordero degollado y esa expresión tan típica de: Te lo dije, tú nunca has sido ELLA, y yo mientras tanto, intentaba digerir la carne con el nuevo condimento.- hace una pausa para pegarle otro trago al daiquiri helado - Cuando conseguí recuperar la respiración se lo dije. Le dije que no esperara que le felicitase, ni que le desease suerte. Le dije que esperaba que ella lo hiciera muy muy infeliz, y dejara de quererle, y que se las hiciera pasar, hablando mal y pronto: Putísimas.-

Faith y yo nos miramos. Bonnie nunca dice palabrotas.

Y que ojalá se diese cuenta de lo duro que resulta amar a alguien mientras éste se dedica a jugar con los sentimientos ajenos, y a destrozar almas. Y que todo lo malo que le sucediera de aquí en adelante se lo merecería, por cabronazo bastardo. Y añadí que a todo cerdo le llega su San Martín, y que rezaría todas las noches porque fuese ELLA la que se lo proporcionase.-

Vaaaya.-

No puedo hacerme a la idea de una Bonnie cabreada y rencorosa. ¿O tal vez sí?


¿Y qué pasó después?- pregunto, intrigada.

Me levanté, y le tiré la copa de vino por la cabeza.- suspira- Nunca volví a saber de él.-

Es una tía dura, ¿eh?- le digo.
Sí- contesta Faith- con un par de ovarios.-
¿Cómo lo consigues?-

Bonnie se arregla el pelo, mirándose en el reflejo de su copa.

Hay momentos en los que una mujer hecha y derecha debe evitar mantener la boca cerrada.-



Qué cosas...- me digo a mi misma, y apuro el daiquiri.