viernes, agosto 24, 2007

My own fears

No te molestes, no vengas más. No quiero verte. Nunca.
Y no estoy tan triste como debiera.
Y me muero por la culpa.
Ya nadie le nombra.
Las miradas vacías me desquician.
Las visiones pesimistas de la vida que me plantean ellos, todos, me hacen preguntarme si seré capaz.
Se me escapan las razones por las que seguir en esto.
Tengo miedo por lo que vendrá, lo que se irá, lo que conseguiré retener.
Ingenio maneras para no depender de nadie.
Sufro el miedo a la soledad.





"Ayer estaba escuchando a Billie Holliday y me rondaban por la cabeza una serie de imágenes romanticonas que decidí convertir en relato. Venía a la biblioteca con la intención de colgarlo, pero he tenido mi conversación telefónica matutina acostumbrada y se me han quitado las ganas. Nada mejor que te bajen de las nubes a golpe de Orange. (Ponte a estudiar!!! Déjate de bailecitos en terrazas monas!!!).
Y volviendo a mi estado de ánimo habitual paso a resumir lo que ocurre. Lo que me ocurre.





Odio despertarme de madrugada, y que la luz esté encendida. Odio despertarme para descubrir que ya se ha marchado. Eso es mucho peor que su incapacidad para abrazarme y decirme que todo va a salir bien.
Pero todo esto resulta nimio, si lo comparo con la tarea de convertir mi corazón en indolente piedra.






Y nadie dice nada, porque nada hay que decir.