domingo, noviembre 11, 2007

Secrets...

En la fiesta de Navidad que se celebró en la residencia en mi primer año, Marina me encontró tirada en el suelo del zulo que era mi habitación, mirando el techo, etílica perdida y cantando algo que se parecía mucho a Que te den Candela. Es lo que ocurre si te bebes una botella entera de Malibú a palo seco. ( A morro).
La primera vez que Jose me presentó a sus amigos, bebí tres cachis de calimotxo, tres Viladraus ( que nada tienen que ver con el agua: vodka, pinkfish y 43), y me fumé un porro. Acabé como una maraca, bailando en el Nature, mientras Jose intentaba que no me durmiese encima de los abrigos. Fotos para NO recordar, os lo aseguro.
La segunda vez que salí con Jose y sus amigos, Patri y yo nos acabamos una botella de whisky en media hora, porque no queríamos que la gente nos gorroneara. Vomité en casa de Yago, y la lié.
Otra de las veces, pasó algo parecido, sólo que alguien nos regaló un cogollo. Estaba tan fumada que me caía del sofá cada dos por tres, y Jose me volvía a colocar, y yo ni siquiera me daba cuenta. Volví a vomitar en casa de Yago.
De la sala Nasty, y los desfases poperos, no me acuerdo ni de la mitad. Sólo sé que Bárbara y yo siempre andábamos borrachas cuando nos encontrábamos con los demás. De ahí mi entrada triunfal, la noche en la que me dejé arrastrar por un argentino pasado de coca hasta su loft, muy de madrugada. Lo mejor, cuando apareció Bárbara pillándonos en posición y nadie se inmutó. El susto vino con la resaca, por supuesto.
O como el día aquel mítico en el Tupper, después de habernos pasado por España, el País de las Tortillas, cuando Belén y yo, apoyadas cada una en una columna, sin hablar, con los ojos semicerrados, sabíamos que estábamos siendo observadas por los múltiples tíos guapos con los que nos sentíamos incapaces de hablar. La fies, que a veces mata.
Los viajes en el audi de los padres de Arturo, con ocho personas dentro, y dos más en el maletero, borrachos como cubas, para acabar peleándonos por los sofás del piso de Palmero.
El día que entramos en el 8 y 1/2 y salimos arrastrándonos. Del 8 y 1/2 y de tantos otros sitios más.


De ese tipo de anécdotas lamentables, de las que te hacen cerrar los ojos al día siguiente, y que tu cara adquiera un brillo rojizo acorde a tu grado de humillación, tengo miles.
Se aprende rápido, eso sí. Cada cual aguantando lo suyo, sin joderle la noche a los demás. Andando acorde al espíritu de los que te acompañan. Volviendo sola, recorriendo las calles haciendo eses, pero sin necesidad de socorro ajeno. Cuatro años de vomitonas sanguinolentas, dolores de cabeza, ibuprofenos y posts donde las letras bailan la polca. Con muchos "nunca mases" y muchos "venga, va, la última vez."
Y de allí hasta hoy. Rebajando el ron con agua del grifo, y disfrutando de orgasmos que no recuerdo haber tenido.




Quién esté libre de pecado, que tire la primera piedra.
Adelante con las anécdotas.