domingo, enero 13, 2008

Anécdotas


Las amigas de toda la vida resultan no serlo, y las de hace tres semanas también. Otras no, por supuesto. Muere mi adorado Ángel y el poemario se me mancha de lágrimas. De las de mis grandes ojos sin rímel que dejaré en tu plato, si pones interés. La paciencia es una virtud de la cual carezco. Pero no es posible que tire la toalla tan pronto. Seguiré chapoteando sentada en el muelle, con la caña en el agua límpida, soñando.

Ya es tarde. Juancho me espera.



Nadie recuerda un invierno tan frío como éste.

Las calles de la ciudad son láminas de hielo.
Las ramas de los árboles están envueltas en fundas de hielo.
Las estrellas tan altas son destellos de hielo.

Helado está también mi corazón,
pero no fue en invierno.
Mi amiga,
mi dulce amiga,
aquella que me amaba,
me dice que ha dejado de quererme.

No recuerdo un invierno tan frío como éste.