lunes, abril 27, 2009

Cuesta arriba

Mi calle es larga. Se hace muy larga de madrugada. Los despliegues de sabiduría no sirven para nada. Nunca. Me cuesta mantener la sonrisa, y vuelven los :no te desanimes, todo saldrá bien. Pero camino por un largo alambre, y tropezar es condenadamente más fácil que otras veces.

Volver. Y rendirme.

A veces sólo pienso en eso.

sábado, abril 25, 2009

The house at the Puh Corner




De pronto, Christopher Robin, que aún seguía mirando el mundo con la barbilla apoyada en la mano, volvió a llamarle:

-¡Puh!

-¿Sí?-dijo Puh.

-Cuando yo me... cuando... ¡Puh!

-¿Sí, Christopher Robin?

-Ya no voy a poder volver a hacer Nada de ahora en adelante.

-¿Nunca más?

-Bueno, no tanto. Ellos note dejan.

Puh le esperó a que siguiera, pero se había vuelto a quedar en silencio.

-¿Sí, Christopher Robin?- dij0 Puh amablemente.

-Puh, cuando yo me... tú ya sabes... cuando yo haya dejado de hacer Nada. ¿Vendrás aquí de vez en cuando?

-¿Sólo Yo?

-Sí, Puh.

-¿Estarás aquí tú también?

-Sí, Puh estaré de verdad. Prometo que estaré, Puh.

-Eso está bien-dijo Puh.

-Puh, promete que no te olvidarás de mí, nunca. Ni siquiera cuanto tenga cien años.

Puh pensó por un momento.

-¿Cuántos años tendré yo entonces?

-Noventa y nueve.

Puh asintió con la cabeza.

Con los ojos puestos aún en el mundo, Christopher Robin extendió una mano y sintió la zarpa de Puh.

-Puh- dijo con la mayor seriedad Christopher Robin-, si yo... si yo no...- se detuvo y lo intentó de nuevo-... Puh, pase lo que pase, tú lo comprenderás, ¿no?

-Comprender, ¿qué?

-Oh, nada.- Se rió y se pudo en pie de un salto-. ¡Vamos!

-¿Adónde?- dijo Puh.

- A cualquier parte -dijo Christopher Robin.

Y se fueron juntos. Pero adonde quiera que fuesen, o sea lo que fuera lo que les sucediera por el camino, en aquel lugar encantado de la parte más alejada del Bosque estarán siempre jugando un niño y su Oso.


A.A. Milne.

lunes, abril 20, 2009

Portrait

Almudena

-Y esa es la Estrella Polar, y aquella es la Osa Menor. Por cierto, hablando de osos, ¿sabes qué es de Oso?
Yo no tenía ni la más remota idea, así que le di otro sorbo al chocolate humeante y me encogí de hombros en silencio. La noche estrellada se cerraba sobre nosotras; parecíamos encerradas en una de esas películas mágicas que tanto le gustaban. En realidad, todo con ella era como sacado del celuloide. Desde los momentos a su lado hasta sus ojos verdes de cuento.
Seguía hablando. Sobre constelaciones, astronomía, y aquellas otras deliciosas cosas suyas. Nunca el techo de un coche me pareció tan cómodo, y juro que no habría cambiado aquel momento por ningún otro.




Txïo

viernes, abril 17, 2009