sábado, abril 25, 2009

The house at the Puh Corner




De pronto, Christopher Robin, que aún seguía mirando el mundo con la barbilla apoyada en la mano, volvió a llamarle:

-¡Puh!

-¿Sí?-dijo Puh.

-Cuando yo me... cuando... ¡Puh!

-¿Sí, Christopher Robin?

-Ya no voy a poder volver a hacer Nada de ahora en adelante.

-¿Nunca más?

-Bueno, no tanto. Ellos note dejan.

Puh le esperó a que siguiera, pero se había vuelto a quedar en silencio.

-¿Sí, Christopher Robin?- dij0 Puh amablemente.

-Puh, cuando yo me... tú ya sabes... cuando yo haya dejado de hacer Nada. ¿Vendrás aquí de vez en cuando?

-¿Sólo Yo?

-Sí, Puh.

-¿Estarás aquí tú también?

-Sí, Puh estaré de verdad. Prometo que estaré, Puh.

-Eso está bien-dijo Puh.

-Puh, promete que no te olvidarás de mí, nunca. Ni siquiera cuanto tenga cien años.

Puh pensó por un momento.

-¿Cuántos años tendré yo entonces?

-Noventa y nueve.

Puh asintió con la cabeza.

Con los ojos puestos aún en el mundo, Christopher Robin extendió una mano y sintió la zarpa de Puh.

-Puh- dijo con la mayor seriedad Christopher Robin-, si yo... si yo no...- se detuvo y lo intentó de nuevo-... Puh, pase lo que pase, tú lo comprenderás, ¿no?

-Comprender, ¿qué?

-Oh, nada.- Se rió y se pudo en pie de un salto-. ¡Vamos!

-¿Adónde?- dijo Puh.

- A cualquier parte -dijo Christopher Robin.

Y se fueron juntos. Pero adonde quiera que fuesen, o sea lo que fuera lo que les sucediera por el camino, en aquel lugar encantado de la parte más alejada del Bosque estarán siempre jugando un niño y su Oso.


A.A. Milne.