miércoles, julio 29, 2009

All the good things

Lo bueno de vivir solo es que el detergente te dura tres meses y la comida del congelador cinco. Nadie enciende la luz después de que la hayas apagado. Puedes dejar la puerta del baño abierta y desgañitarte en la ducha con Janis Joplin, con Ottis Redding, con Pearl Jam, con Simon y Garfunkel, con Scott Mckenzie, con Paul Anka, con Cat Stevens, con Franz Ferdinand, con Fiona Apple, con Reamonn, con Sabina, con Guns & Roses, con Celine Dion. Con Chuck Berry. Con Travis y con Mötley Crue. También puedes ver cinco películas seguidas sin que nadie pregunte si te queda mucho. O incluso más. Puedes, simplemente, no llamar al técnico porque, que no se vea ni un solo canal de televisión, te la trae floja. Puedes llenar el piso de libros. De comics. De DVD originales. Puedes llenar la casa de ponies. Colgar fotos en la nevera. Escribir este post desnudo, si te apetece. Puedes darte un baño de espuma y poner velas a tu alrededor. Puedes limpiar, y que no se vuelva a ensuciar nada hasta tres días después. Puedes invitar a tus amigo a beber mojitos, comer hotdogs en el suelo, hinchar la cama restform, morirte de calor y aún así, no morir en el intento. Puedes disfrutar. Hacerles guiños a los vecinos fisgones, o hacer que los de al lado te odien a base de fines de semana desenfrenados. Puedes dormir siestas en el sofá. Puedes cocinar para siete, o no cocinar en siete días. Puedes no volver a lavar platos nunca más. Puedes gritar sin temor a que te oigan.


Lo bueno de vivir solo es que el día que te cansas, están todos a una llamada de distancia. O a un paseo en metro. Y eso sí que es estupendo.