lunes, julio 06, 2009

Just a little bit of that

Apostó una noche por el chico adecuado y él, haciendo gala de su infinita bondad escurrió el bulto amablemente, alegando que no se sentía con fuerzas de exponerse a nadie, y que probablemente era un gilipollas por no aceptar la tentadora proposición. Sonriendo, ella se bebió el whisky que el chico sostenía en la diestra, a modo de premio de consolación.
Su whisky le supo a madera.
En aquel bar, lleno de humo, de música estridente, de caras largas y faldas cortas, no pudo evitar sentirse vieja. No le mentía al asegurar que las primeras luces llegarían solas, sin preguntas, ni explicaciones. Pero él seguía hablando del deseo como si de algo importante se tratase. Hablaba sin cesar de un tú y de un yo, y de historias ajenas con finales interrumpidos.
Ella le escuchaba, entendiéndole sólo a medias, identificándose, como entre nieblas, con aquellos ideales que apremiaban a hacer las cosas bien, que no herían ni empujaban al abismo, que prometían y desprendían calor reparador.
Su franca ingenuidad la enterneció. Quiso creerle, quiso de pronto esperar. Quiso recuperar la confianza perdida.

Quiso ser como él. Deshacerse de aquel disfraz de viuda negra que le impedía sentir libremente.
Quiso redención.