domingo, agosto 30, 2009

Cuánto daño hace el cine




"Sólo soy una mujer jodida que busca su propia paz de espíritu. Así que no me asignes la tuya".

jueves, agosto 20, 2009

If you change your mind




Se creía un gato.
Tenía los ojos felinos, verdes como aceitunas.
Olfateaba la comida, siguiendo la premisa de no comer absolutamente nada que no oliera bien.
Cuando sonreía, de medio lado y enseñando los dientes perfectos, recordaba al gato de Chesire, riéndose de la obtusa Alicia encaramado al árbol.
La recuerdo agazapada en el sillón, espiándome tras un libro. Su pelo erizado, lanzaba destellos rojizos con la luz que se filtraba desde la ventana. Eran tardes de verano apacibles. Yo trabajaba en silencio, ensimismado en mi microscopio y en mis fósiles. Cuando se cansaba de la comodidad del sofá, rondaba por mi estudio, burlándose de esas piedras viejas que me alejaban de ella. Reclamando toda mi atención, ronroneaba en mi regazo hasta conseguir desconcentrarme. Se desnudaba sola, adivinando mis intenciones, que eran también las suyas. Arqueaba la espalda, me clavaba las uñas afiladas y maullaba. Maullaba hasta caer rendida, sudorosa, temblorosa.
Dormía mucho. Tanto, que me daba tiempo a ducharme, tomar un café y volver al trabajo sin que hubiera cambiado siquiera de postura. Tenía la extraña sensación de que, pese a su sueño profundo, seguía atenta a todos y cada uno de mis movimientos por el viejo piso. Nunca me extrañaba en la cama revuelta y, poco a poco, dejándose llevar por la pereza onírica, se atravesaba en el colchón, llenándolo con su minina desnudez. Fue la única mujer con la que he tenido la certeza de que yo le pertenecía a ella más de lo que ella me pertenecía a mí.
El día que decidió abandonarme, no tenía nada de diferente al resto de los días de aquel verano. La tarde seguía siendo apacible y yo trabajaba ensimismado en mi microscopio y en mis fósiles. Vino a ronronear en mi regazo. Se desnudó sola, arqueó la espalda, me clavó las uñas afiladas y maulló. Maulló hasta caer rendida, sudorosa, temblorosa. Sin embargo, aquella vez no se durmió como solía hacerlo. Permaneció tumbada a mi lado, con los ojos verdes muy abiertos, haciendo suaves eses en mi pecho con su dedo índice.
Me voy a ir- dijo.
Y se fue.

lunes, agosto 17, 2009

Heartbroken

Minas
Si caminas de puntillas por mi orgullo minado, es posible que incluso llegues sano y salvo a la otra orilla Pero si continúas así, arañando esta superficie con saña, creando con tus acertijos arterias de duda y desconfianza, no conseguirás esquivar las detonaciones. Te estallarán en el rostro, destrozando lo poco que quede de bueno. Volarán las esperanzas ennegrecidas y extrañas. Y rota la ingenuidad, arrasadas quedarán las últimas ganas de esperarte. Será como si tu dolor se uniese al mío.
Nadie es culpable, menos tú. Pero si deambulas descalzo por mi mar de niebla, deberás atenerte a las consecuencias. No hay manera de impedir que me toques, una vez arrasado el campo de batalla. No hay maneras, para demostrar que sé cuidarme sola, que tu preocupación pusilánime está de más. Si aprovechas la confusión, la nube de polvo levantada, y atacas por el flanco más vulnerable, descubrirás el cuerpo entumecido y tembloroso, empapado en el sudor frío de la confusión. Poco tiempo tendré, desnuda bajo tu mirada atónita, de acorazarme de nuevo. Más impenetrable y hosca, si cabe. Tras de ti, dándote caza, se irá mi humillación contenida. Me atrincheraré en un rincón. Y no volveré a dejarte pasar, ni aunque ondee, limpia y sincera, tu bandera blanca.