jueves, agosto 20, 2009

If you change your mind




Se creía un gato.
Tenía los ojos felinos, verdes como aceitunas.
Olfateaba la comida, siguiendo la premisa de no comer absolutamente nada que no oliera bien.
Cuando sonreía, de medio lado y enseñando los dientes perfectos, recordaba al gato de Chesire, riéndose de la obtusa Alicia encaramado al árbol.
La recuerdo agazapada en el sillón, espiándome tras un libro. Su pelo erizado, lanzaba destellos rojizos con la luz que se filtraba desde la ventana. Eran tardes de verano apacibles. Yo trabajaba en silencio, ensimismado en mi microscopio y en mis fósiles. Cuando se cansaba de la comodidad del sofá, rondaba por mi estudio, burlándose de esas piedras viejas que me alejaban de ella. Reclamando toda mi atención, ronroneaba en mi regazo hasta conseguir desconcentrarme. Se desnudaba sola, adivinando mis intenciones, que eran también las suyas. Arqueaba la espalda, me clavaba las uñas afiladas y maullaba. Maullaba hasta caer rendida, sudorosa, temblorosa.
Dormía mucho. Tanto, que me daba tiempo a ducharme, tomar un café y volver al trabajo sin que hubiera cambiado siquiera de postura. Tenía la extraña sensación de que, pese a su sueño profundo, seguía atenta a todos y cada uno de mis movimientos por el viejo piso. Nunca me extrañaba en la cama revuelta y, poco a poco, dejándose llevar por la pereza onírica, se atravesaba en el colchón, llenándolo con su minina desnudez. Fue la única mujer con la que he tenido la certeza de que yo le pertenecía a ella más de lo que ella me pertenecía a mí.
El día que decidió abandonarme, no tenía nada de diferente al resto de los días de aquel verano. La tarde seguía siendo apacible y yo trabajaba ensimismado en mi microscopio y en mis fósiles. Vino a ronronear en mi regazo. Se desnudó sola, arqueó la espalda, me clavó las uñas afiladas y maulló. Maulló hasta caer rendida, sudorosa, temblorosa. Sin embargo, aquella vez no se durmió como solía hacerlo. Permaneció tumbada a mi lado, con los ojos verdes muy abiertos, haciendo suaves eses en mi pecho con su dedo índice.
Me voy a ir- dijo.
Y se fue.