jueves, febrero 11, 2010

Condenas

No soporto a la gente que afirma que adora leer y que cuando le preguntas qué libro está leyendo te dice que ninguno porque está desganada y tiene demasiados problemas. Tampoco soporto a la gente que afirma que adora leer y que cuando le preguntas qué libro está leyendo te dice que la saga de Crepúsculo o cualquiera de esas sagas que se han puesto de moda últimamente. Y lo peor no es que los esté leyendo, es que afirma entusiasmado que son buenísimos.

En cambio me gusta la gente devoralibros, y que cuando le preguntas qué libro está leyendo te dice que uno de J. D. Salinger, y añade todos los títulos que tiene previstos leer. También me gustan los que se pasean por las librerías de una estantería a otra, guiados por los instintos y los estímulos, sin necesidad de pararse delante de la sección de los “más vendidos”. Y aquellos que, como yo, no suelen hablar de libros porque opinan que no merece la pena dar detalles a aquellos que no tienen capacidad para entenderlos.

Esto que indico aquí, sé que suena pretencioso. Pero sinceramente, me da igual. Cuando me veo inmersa, sin quererlo, en esas conversaciones literarias tan comunes, me entran muchas ganas de repartir hostias como panes a diestro y siniestro. Y de llamarles muchas cosas, menos bonitos.

Pero como cada uno es como es, y no hay manera de remediarlo, pues tengo que utilizar este blog, ya decrépito, para desahogarme un poco. Tengo mis limitaciones, como todo el mundo, pero aún así, soy consciente de que he leído más que la media, y que todavía me quedan muchas cosas que leer. Y por esto, puedo permitirme condenar a los demás por su ineptitud congénita.

Se salvan algunos pocos. A veces nos encontramos y podemos intercambiar impresiones. E incluso libros. Por fortuna, yo conozco a unos cuantos de esas raras avis con perfil avanzado de lectores expertos. Y al resto, se les tolera, porque no nos queda más remedio. Hasta que una explota y decide compartir con la blogosfera sus ideas clasistas acerca del mundo de los libros.

PD. Y que conste que yo he leído Crepúsculo. E incluso disfruté con las novelitas pretenciosas, grotescas y edulcoradas. Pero es que yo me lo puedo permitir.